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2 ago 2011

Llegó el hígado!!!


Y nuestro milagro llegó, así tan de repente, así tan sorpresivo como mágico... El domingo recibimos la llamada soñada, esa que habíamos imaginado una y mil veces, de una y mil maneras, me temblaron las rodillas: -"el operativo está en marcha"-.

Y así, tras un grito de alegría seguido de lágrimas de emoción salimos al hospital, lo prepararon, esperamos algunas horas sumidos en nervios, silencios y promesas. El 1º de agosto a las 5:45 am Jorge ingresó al quirófano, lo besé y esperé largas horas... a las 3 de la tarde por fin la cirugía -con complicaciones- había terminado. Tuve la suerte de estar acompñada de 3 buenas a migas, quienes apenas recibieron mi mensaje se subieron a un camión (colectivo) para acompañarme, no hubiese soportado sola tanta incertidumbre...

Por la tarde pude verlo, pude decirle: ¡-"Lo logramos amor!"- aunque dormía, tomé su mano y la besé, acarcié su frente y agradecí al cielo. Hoy estuve con él toda la tarde, reaccionó, me escuchó y una lágrima corrió cuando me escuchó, cuando le dije: Te trasplantaron mi amor, te trasplantaron...

Gracias a los médicos del Hospital Italiano, gracias a PAMI por cubrir cada uno de nuestros gastos, gracias por ser mucho más que 'instituciones'... Gracias al ángel que nos regaló una segunda oportunidad, seguro ya está en el cielo, mis bendiciones para él y su familia. Gracias por salvar la vida a mi marido...

Me voy a dormir, comienza una nueva etapa y con ella, la espera termina y comienza el porvenir...


Lu*

27 jul 2011

Añorando la ilusión...


Y finalmente el lunes comenzó cerrando el periplo iniciado el fin de semana: Fiebre -¡siempre!- es igual a internación... Si bien, la tarde del sábado y durante todo el domingo la temperatura de mi esposo no volvió a subir -"es un paciente crónico, muy debil y complicado"- aseguró el facultativo y tras un contenido regaño (quería cagarme a palos pero supo comprender que todo fue sin querer...) en el que manifestó su total preocupación me dijo que no lo volviese a omitir, a la más mínima rareza a la guardia sin dudar.

Así pasó el lunes y por fin el martes, tras estudios para descartar cualquier posible infección, comprobar la ya muy deteriorada función hepática y aumentar la dosis de la nutrición por sonda (la teta o mamadera-mamila en criollo-), a partir de ahora pasaremos 1300 ml, equivalentes a 1300 calorías, en lugar de los 800 que veníamos manjendo hasta entonces... Y con ese aumento, vino la rebeldía (ante mí por supuesto, pues frente al médico mi muchacho es un santo), las amenazas por arrancarse la sonda, el encaprichamiento por no tomar las pastillas, el agotamiento de un enfermo que sólo pudo calmar una cabeza en extremo "serena" que con abrazos, besos y comprensión, hizo que -llegando a casa- pudiésemos completar las dosis indicadas sólo con un leve chistar. Conocimos también a los cirujanos que serán los artífices del milagro, en cuyas manos se consumarán (un día...) estos larguísimos meses -"¡Jorge, mira, ellos son los que te van a trasplantar cuando llegue el momento!- mi corazón dió un vuelco...

Hay veces que la rutina me hace "olvidar" qué estamos esperando, la cotidianidad transforma la espera en retórica... parece que llevamos viviendo así una eternidad, sólo siguiendo una inercia en la cada mes se suma otra dosis u otro medicamento, y de la mano viene la disminución en la calidad de vida; cada vez hace falta más para sostener lo mismo, mientras su cuerpo se marchita y su voluntad se desgasta... "Olvidé" que necesitamos un milagro y esta última internación me hizo recordarlo y caer en la cuenta de ello me hizo otra vez (¡otra vez!) recurrir al llanto ¡creo que en 7 meses he cubierto todos los tipos de llanto! y es que renové la esperanza, otra, una esperanza que tiene mucho miedo de ilusionarse.


Lu*

24 jul 2011

Una oración llamada Mamá...


Esta mañana -como todos los domingos, me conecté para charlar con mi madre... Siempre me ha sorprendido la fortaleza que ha demostrado más de una vez en su vida, una vida también signada por dificilísimas pruebas que supo vencer una a una, sin perder jamás el orgullo y la sonrisa; mi madre es una de esas mujeres con sabiduría anscestral, una de esas personas sin medias tintas, sincera, valiente, alegre, brillante.

Tardé mucho en contarle la situación por la que atravesaba, no quería preocuparla y hasta cierto punto llegué a subestimarla, pensando que su gran amor por mí impediría ver el gran amor que yo siento por mi esposo... Pasaron meses para ponerla al tanto de la sitación y debí hacerlo, no sólo porque mis largos silencios empezaban a inquietarla sino porque necesitaba de su consuelo, de su amor y sus palabras. 

Ella sabe lo que es sufrir, lo que es gozar y lo que es amar... Ella sabe, como siempre me lo dice, todo lo que habita en el corazón de cada uno de sus hijos, sabe cómo nos crío, los valores que nos inculcó y la pasta con qué nos hizo, así que -quizá abrumada por lo vivido hace un par de días o por la necesidad de sentirme cobijada con su amor- por primera vez desde que le confesé el estadío de Jorge, tuve el valor de llorar delante de ella.

Su respuesta me sorprendió nuevamente, yo no lloraba con ella por miedo a hacerla llorar, pero hoy mi madre dió muestras de su grandeza hablándome desde lo más profundo de su corazón, y más allá de protegerme a mí, me habló de Jorge, de mi amor... De ese gran amor que me hizo remover cielo y tierra, de ese amor que hoy por hoy me necesita y que me está enseñando la razón de mi camino: -"Estás aquí por él"- me dijo, -"y él está aquí por tí"-.

"Se encontraron hija mía y no hay placer más grande que entregarse al amor que se tienen, no lo veas como una pesadilla, vívelo con alegría y gratitud, eres fuerte, Dios no te hubiera puesto en ese camino sino fuera porque eres bien chingona, yo te parí..."-. "Hoy eres la mujer que eres gracias a tu marido, él supo despertar en tí tus mejores cualidades, las sacó a la luz, les dio brillo, eres una mujer entera y valiente gracias a él, él te hace feliz y en ningún otro lado, pese a las circunstancias, serías tan feliz como a su lado"...

Me habló del significado de la palabra amor, de que son pocos los seres humanos dispuestos a luchar en nombre de él, de entregarse sin importar lo que suceda, sólo por la inmensa gracia de amar y saberse amado; me pidió que lo cuidara y que no olvide que lo amo, me hizo saber que -cuando todo pase, pase lo que pase- mi corazón estará en paz y el de él agradecido, que pida al cielo fortaleza y paciencia para reconfortarlo, sostenerlo y mimarlo...

Si hay alguien que me puede dar consejos es ella, ella quien en carne propia vivió las enfermedades sin blasfemar de la mano de mi padre, quien en todo momento fue su compañero incluso cuando todo parecía derrumbarse... Todo terminará un día y yo debo mantener la alegría, la esperanza y el corazón, pensar en el futuro, alimentar la vida de mi esposo con proyectos e ilusiones: quizá un próximo viaje a México, él aún no lo conoce, en el que tiraremos la casa por la ventana; quizá esa hija que soñamos y que un día, si el destino está de nuestro lado, será llamada 'nuestra pequeña Sofía'...

Amén.


Lu*

23 jul 2011

La mala de la película...


No cabe duda que una no siempre está a la altura que las circunstancias exigen, no cabe duda que, a pesar de todo, la estupidez te traiciona... Ayer, fué uno de esos días que prefiero dejar en el olvido, un día en el que toda la bronca contenida salió asentándose en el más desprotegido: Mi marido.

El lunes me desperté con la novedad de verme paralizada, mi espalda dijo basta y no quiso moverse más y a cada intento por hacerlo respondía con un profundo dolor que me hacía lanzar gritos y gemidos, aún así debimos concurrir a la consulta semanal, ese lunes pedí un camillero pues no fuí capaz de llevar yo misma la silla de ruedas, me partía de dolor; una vez en la consulta mi cartera se cayó y tuvo que ser levantada por la médica, yo ¡no podía moverme!... -¡Ay niña, te están matando!- me dijo la doctora, -si- respondí llorosa, acto seguido me prescribió un fuerte analgésico para "destrabar", 3 días en el que mi espalda fue cediendo poco a poco al dolor, mismos tres días en que debimos concurrir al hospital.

El tercer y último día de mi "tratamiento" tuvimos la terapia a la que las circunstancias nos obligaron a concurrir (finalmente y sin ningún problema, mi obra social autorizó las consultas), yo que nunca había ido al psicólogo no pude parar de llorar... 'la consulta es para Jorge' -pensaba, pero no dejaba de hablar y sollozar; diagnóstico: Incertidumbre, encierro, desarraigo, agotamiento y algunas cosillas más, todo "normal", y si... todo normal para el cuadro que atravesamos y que parece nunca va a terminar. A Jorge le recomendó retomar las cosas que le gustan y lo aferran a la vida, así como "no castigarme" por su enojo con la enfermedad, a mí me recomendó buscar alguna ocupación que me permita salir por unas horas de la rutina, por un lado ejercicio para mitigar el estrés y por otro alguna cosa que mantuviera mi cabeza ocupada en algo que me interesara. A los dos, nos recomendó "mirar al otro" y tratar de que este vínculo no se pierda cuando todo haya pasado, no echar culpas, no abandonarnos, buscar cosas que nos unan y que podamos hacer juntos.

En fin, todo "bien", osea, digamos, nada que ninguno de los dos no hubiera pensado, ni nada que otras personas no nos hubieran sugerido... salvo que ahora peleamos por todo; Jorge se rebela y yo soy "la mala de la película", papel que odio pero no me queda otra que representar -"alguien tiene que hacerlo"- me dijo su hepatóloga el lunes tempranito, y si, yo tengo que obligarlo a hacer todo lo que no quiere hacer, repetirle una y mil veces lo que tiene que hacer mientras él se resiste y comienza una batalla campal que poco a poco va subiendo de intensidad. Odio ser la mala del cuento, odio tratar a mi marido como a un niño, odio esta situación de mierda que me hace ver al hombre de quien me enamoré con todas sus miserias y desechos... Odio vivir entre sangre, vómitos, orines, caca, y baba; tener que pelar con él para conectarle el alimento, para que se tome sus pastillas, para picotearle los dedos, para inyectarle la insulina. Detesto verlo caminar encorvado y lento, arrastrando los pies o repetirle una y otra vez lo mismo cada 5 minutos...

Estoy furiosa con él por ponerme en esta situación, furiosa conmigo misma por vivirla ¡una no tiene por qué ver al hombre que tanto admira convertirse en un despojo! debería estar prohibido que el amor de tu vida se enfermara, deberíamos, si, deberíamos renegociar el contrato porque es demasiado lo que se sufre y lo que se aguanta. Vivo encerrada entre 4 paredes y estoy ¡furiosa! veo la vida pasar, veo a la gente lograr cosas por las que tanto luché y yo estancada, perdida, vacía; regañando a un adulto ¡un hombre adulto! del que sólo su fuerza por sobrevivir me recuerda que es a él a quien elegí... Ayer toda está bronca contenida salió disparada hacia él, le grité, le exigí que reaccionara, que "no se hiciera el pelotudo", que caminara derecho, que no me pidiera ayuda, que lo hiciera solo... Y él no dijo nada, sólo me miraba y agachaba la cabeza, se metió en la cama y me dijo: -"cuando puedas fijate que creo que estoy calentito"- y si, el termómetro demostró que estaba en lo cierto...

Caí de rodillas pidiéndole perdón, me encerré en el baño después de arroparlo e intentar bajarle la fiebre, y lloré y me dieron ganas de golpearme la cabeza contra la pared por hija de puta, porque solo una persona sin corazón es capaz de tratar así a un enfermo; atenta estuve vigilando su sueño, mientras una y otra vez repetía en mi cabeza lo que le había dicho... ¿pero qué me está pasando? ¿en qué me estoy convirtiendo? Cuando por fin entré a la cama él buscó mi mano y la agarró con fuerza -"si no fuera por vos, estaría muerto"- me dijo, y lo abracé y lloré y volví a pedirle -una y mil veces- perdón.

Hoy muy temprano me vestí y salí a caminar, la fiebre había cedido y yo necesitaba respirar, le pedí perdón a Dios y por primera vez le rogué que me ayudara, que él sabía cuándo y cómo terminaría todo ésto, que llegara pronto el hígado y que mientras tanto me diera la fortaleza para no volver a ningunear a este ser humano, que ¡por Dios santo! es mi marido... Jorge no se acuerda de nada, hoy volvió a levantar febrícula pero no quiso ir a la guardia, así que esperaré a ver qué pasa mañana, si vuelve a levantar fiebre tendré que llevarlo obligado y comerme las maldiciones que le corresponden a la bruja de este cuento, que por cierto, sigue con la espalda hecha un tronco.


Lu*

17 jul 2011

Swing...


Existen cruzadas que uno emprende sin siquiera preguntarse por qué, sin aventurarse a comprender las razones ni cuestionar los motivos; así, simplemente así preparas tu equipaje y te dejas llevar, echándote al hombro un sin número de mochilas que jamás te imaginaste cargar, con las armas que tienes, con el empuje que queda y con lo que vas aprendiendo por ahí, das rienda suelta a la vida, afrontando la situación...

Esta semana, sin duda, estuvo cargada de emociones, pues -al detener la marcha, la vorágine de vivir 'afuera'- las pequeñas cosas se convierten en tesoros, instantes de esos que te piantan el lagrimón... Aún puedo recordar la última vez que mi marido quiso darse un buen baño de inmersión, con las piernas temblando y aferrándose a mí, entró temeroso a la bañera misma que, tras 15 minutos de placer, se convirtió en una verdadera prueba de obstáculos. Ahí estaba yo, intentando levantar el pesado cuerpo de mi esposo, sus frágiles brazos se sostenían fuertemente a los costados haciendo un extremo esfuerzo por salir; yo, en pelotas, sólo con el calzón puesto (porque bañar al pibe implica terminar toda bañada) hacía palanca con mis piernas, mientras mi espalda de partía tirando de cada una de sus axilas, a punto estuve de llamar al portero del edificio para que me ayudase a sacarlo, cuando finalmente -acompañado de un enorme grito de los dos- logramos ponerlo medio en pié y sentarlo al borde de la tina.

Por eso, cuando hace unos días me pidió 'otro baño' lo dudé, mucho, muchísimo... mi espalda ya no está para esos trotes y el miedo de verlo caer me paralizaba, sin embargo, son pocas las cosas que hoy lo hacen feliz, pocas cosas las que me pide como excepción; me hice la tonta, más no dije que no, sólo omití cualquier posible respuesta y me fuí a la cocina a prender un cigarrillo. "Está bien" -le dije- "vamos a bañarnos" y su rostro se iluminó, no así el mío que luchaba por reprimir el temor; mis dientes apretados poco a poco se fueron aflojando... Jorge entraba solo a la bañera, un pie y luego el otro, se agachó ante mi atenta mirada y jugó en el agua como pequeñajo por cerca de media hora.-¡Esto se parece a la felicidad!- le mandé por mensaje de celular a una amiga -¡sólo le falta su patito de hule para tener la foto perfecta de la plenitud!- y lloré... Mientras mi muchacho jugaba, mi corazón estallaba de gratitud, y es que uno sólo pide un poco de dignidad en esta espera, una luz que te ayude a saber que algún día llegarás al final. Hoy ya van 3 baños como ese...

Y tras el baño vino la música, "su" música, esa que, después de tantos años juntos, aún me hace volar, esos acordes que habían quedado en el olvido, esas notas con las que acopañé mi sueño desde el primer momento en que vivimos juntos... -"traeme mi guitarra"- me dijo, y yo de un salto me apresté frente a 'mi rival', esa su compañera, esa su inseparable amiga, esa su fiel testigo de todos y cada uno de sus momentos, de gloria o no, de plenitud o no; esa que ante la falta de afecto e incomprensión de la madre se convirtió en la única fémina a pesar de todo. Fue un deleite escuchar su voz, la voz recriminatoria de un amor postergado, con los dedos presa de calambres y la falta de práctica (un guitarrista toca al menos 4 horas todos los días), el sonido que le arrancó no fue prolijo mas si perfecto.

Su medio de comunicación se hizo escuchar, su conexión con el mundo se entrelazó nostálgica, quejumbrosa, mimada y poderosamente, apenas unos instantes pues la muchacha es pesada y su caricia exige mucho de quien la toca, apenas unos instantes en que volvió la normalidad a casa, volvió el alma, los sueños y la esperanza. Desde entonces esa chica lo acompaña en su internación domiciliaria, comparte conmigo su vigilia, nuestros partidos de back gammon (que pierdo cada vez más...), la teta, la insulina, la espera... Se quedó de pie en la sala, aguardando silenciosa los instantes en que su maltrecho amante quiera volver a tocarla, mirándome a mí no como oponente, sino como complemento de esta nuestra historia.

Mi vida recobró el ritmo y la armonía, recuperó el swing y con él, las ansias por seguir andando...


Lu*

11 jul 2011

¿Y si paramos un ratito el mundo?


Y me bajo por un día... Uno sólo, no pido más... Uno en que mis manos descubran su inutilidad y mi cabeza entienda que sólo sirve para sostener mis pelos. Un día sin necesidades qué satisfacer, sin la llamada lacónica (no por ello menos insitente); un día para no levantar las persianas, para dormir y dormir sin hacer caso a las alarmas... Un día sólo para mí. Por favor paren el mundo! que es intensa su vorágine.

Lu*

6 jul 2011

Volver a barajar...


Hoy finalmente tuvimos la consulta con la psicóloga, tras meses de pedirla, tras semanas de buscar un lugar, hoy por fin pudimos hablar con la especialista en Psicopatologías, en las patías que la mente atraviesa cuando se está pulseando por la vida. El diagnóstico no me sorprendió: "Es normal" dijo la psicóloga, normal lo que le pasa a él, normal lo que me pasa a mí, no hicieron falta derivaciones psiquiátricas ni preescripciones farmacológicas, y aunque las hubiera, ninguno de los dos las hubiese aceptado, porque acostumbrados a vivir a pleno, preferimos enfrentar la vida sin paliativos, sin disfrazar el dolor, sin esconder los sentimientos.

La terapia deberá seguir su curso, nos citaron para dentro de 15 días y para poder hablar, intentar buscar soluciones a la problemática diaria, para tener más armas -él para llevar, yo para sostener- la pesada espera, mediarán otra suerte de trámites engorrosos pues la cobertura de trasplante no incluye apoyo psicológico... No puedo ni podría quejarme del organismo que cubre cada uno de los gastos médicos de mi marido, la total cobertura clínica en su centro de trasplante, el 100% de abastecimiento de medicamentos, la internación domiciliaria (con enfermero y médico a domicilio), el hospedaje y hasta un apoyo alimenticio están incluídos. Haré los trámites que tenga que hacer, pues es un caso excepcional el nuestro, la espera ha sido demasiado larga para los estándares habituales.

Así pues, mientras llega la próxima charla con la psicóloga, esta semana he decidido barajar de nuevo, mis cartas estaban demasiado revueltas y no me había quedado ningún As, había vuelto a perder mi eje... Decidí -una vez más- tomar las riendas de la situación y con mi marido en franca mejoría física, bajar unos cuantos cambios porque no daba más, ya que la situación no promete cambiar en los próximos días, es decir son pocas las probabilidades que esta noche suene el teléfono informándonos que nuestro operativo está en curso, decidí cambiar yo (mientras pueda), dar vuelta la tortilla, correrme un poco...

Puse dinero en su billetera, y tras el intercambio de firmas para fungir como su apoderada, nos fuímos a pasear, caminamos bajo el sol mientras su cuerpo lo permitió, almorzamos en un lugarcito elegido por él, tomamos cafecito en otro como en nuestros antigüos paseos, en esos que recorríamos los bares y restaurantes sólo por el gusto de saborear las particulares especialidades de cada uno; nos tomamos de la mano y miramos el mundo que se nos ofecía a pleno, él satisfecho pagó cada una de nuestras cuentas, cada uno de los taxis y tonterías que compramos por ahí, sonreía. Digamos que salimos "como novios" y como entonces, nos dejamos llevar por el romance...


Lu*

4 jul 2011

¿Empezando a rezar?


Hace ya muchos años abandoné los dogmas, mucho tuvo que ver mi profunda educación religiosa; en la casa materna se mezclaban los santos de mi madre con los libros de mi padre. No me fue dificil separarme de una iglesia que no me representa, de chica católica -e incluso catequista- pasé a un descreimiento -cimentado y argumentado- de la institución y sus cruzadas.

Sin embargo no me alejé del misticismo, por el contrario, creo firmemente en las fuerzas del universo, en sus leyes, sus avisos y sus palabras; caminé y experimenté otros rumbos de fé hasta que logré consolidar la mía propia. La fe en mí y en mis actos, la fe en las personas y sus actos; la fuerza de la 'oración' como enunciado de huella sonora, las manos unidas y su energía en el 'centro de uno mismo', en el destino y sus renglones torcidos, la naturaleza y sus misterios, creo en las almas de los que se fueron, en la física que me dice 'todo vuelve' y el poeta que me clama 'todo queda'.

Todos los días me topo con gente que me habla de Dios, que me dice que tenga , que crea en los milagros; tengo mi cartera llena de estampitas y algún rosario de bolsillo, mismos que guardo no por lo que representan sino por la intención con que me fueron dados, no creo en ellos pero si en el poder inferido en ellos por las almas que me los regalaron. Estudiosa y docente del sistema de Símbolos, escucho a quienes me hablan de vírgenes y santos, los escucho con respeto y hasta puedo entenderlos, puedo incluso sentirme identificada con su necesidad de creer en algo.

He intentado rezar como me dice mi madre, acepto su bendición porque reconozco su fuerza (y porque la necesito), he encendido una vela blanca como me recomendó una amiga, he consultado a las cartas, las hadas y el i-ching; he querido hablar con Dios pero sólo puedo hablar conmigo misma... Y lloro, y dudo, y entablo conversaciones absudas: "Si es que existes ayúdame"- seguido de "¿pero a quién le hablo?" tras el cual viene un "¿y si existe pero yo no lo creo?"... El resto de la gente me mira como hereje cuando les digo que no soy creyente, cuando en el hospital van las monjas a preguntar si el paciente internado quiere comulgar, me molesta su insistencia, su proselitismo.

Y sin embargo, reitero, he intentado rezar... quizá como una salida desesperada, quizá porque ya no puedo sola con toda esta carga y necesito pensar que 'hay alguien más' que me ayudará a cargarla, quizá porque necesito creer que en mi soledad 'alguien' me escucha, que ese señor de allá arriba me verá y terminará de una vez con esta angustia que está a punto de partirme; porque soy en definitiva tan absolutamente humana (¡oh, juguete de la fortuna!) que no hay nada que pueda hacer con este azar, con esta ruleta rusa, con esta cosa que me oprime el pecho, que lo traspasa, con la incertidumbre, con el cansancio, con el corazón aturdido. Levanto mis ojos buscando el Olimpo...

Lu*

30 jun 2011

Encantadora de serpientes y otras yerbas...


Finalmente el miércoles pude dar por cerrado un nuevo capítulo en el apartado "trámites engorrosos", finalmente el miércoles -mediante buenos amigos- y tras una Carta Documento, cientos de llamados, mails, faxes y un correo postal, los pepeles para justificar mi ausencia en el trabajo estuvieron presentes ante la famosa Junta Médica, ahora a esperar... esperar qué resuelven y cómo sigue, cuántos días me dan y cuánto tiempo demorará para que tome cartas en el asunto Recursos Humanos. Aparentemente "no habrá problema", pues la gente de recursos humanos está muy al pendiente de mi caso, parece que somos el único caso en la administración pública de la provincia y mentiría si dijera que esa administración ha faltado en algo, honestamente no, tanto quien está a cargo de los docentes y mi propia directora han intentado en todo momento facilitarme las cosas. Una buena!

Pasadas las corridas, tuve que "volver" a ocuparme de mi muchacho, quien, encerrado en sí mismo y sus propias necesidades, hizo caso omiso de los motivos y me pasó factura por el abandono... Tornose berrinchudo, egoísta, clamador de boludeces que no podían esperar, antojadizo y pueril, más demandante que de costumbre, hasta que por fin la tarde-noche del miércoles pude sentarme con él en el sillón, abrazarlo y rascarle la cabeza, repetirle una y otra vez lo mucho que lo quiero y hacerle entender (si es que se puede) que cada uno de mis actos están hechos y pensados solamente para él.

Con el paso de los meses, he aprendido a relajarlo, a leer sus silencios e interpretar sus actos de niño malcriado... A mitigar el abandono de su hermana que hace 4 meses ni siquiera llama, alejar los malos recuerdos de su infancia, permitirle navegar en sus momentos de gloria, recordar a su viejo, a su abuela y a Ricardo... ¿En qué momento me convertí en su madre? No lo sé... sólo sé que le canto canciones que para mí fueron "de cuna", que espanto sus fantasmas mirándolo a los ojos y convierto pesadillas en sueños simplemente con mis manos en su frente.

Tras más de 6 meses de espera, algunos nudos empiezan a aflojarse, al mundo le fallan las tuercas y cuando parecía que todo seguiría igual, se desiguala. Hay trámites y consignas pendientes, expedientes e incidentes que renovar... y yo sacando fuerzas ya no sé de dónde pero no puedo aflojar. Hoy volvieron a decirme "admirable" y creo que comenzaré a creérmelo, porque sostener este gran universo que sigue bifurcándose y todavía tener ganas de jugarme una partida de back gammon con mi amor, cuyo esfuerzo mental lo motiva y el movimiento de las fichas ha desaparecido sus calambres, a mí me admira de mí.

Lu*

27 jun 2011

Más cabrona que bonita...

Dedicado al Sr. Coordinador...



Literalmente sola cargando un mundo...

Burocracia: Dícese de la gente pelotuda que se cree tener nuestra vida en sus manos.  Burocracia sanluiseña ¡vaya si te habré enfrentado! Rían ahora insignificancias de escritorio...
Desde hace tres semanas vengo llamando diariamente -y mando mails- al organismo tercerizado encargado de controlar las faltas de los docentes, tengo una licencia por "atención a familiar enfermo", misma que está próxima a vencerse, por eso -y tomando en cuenta mis circusntancias- intenté preparar con tiempo para que no tuviera que correr así, como hoy... en cada mail y llamada les explicaba mi situación, la de "mi enfermo a cargo" y la de mi absoluta soledad, no sólo en Buenos Aires, sino en el país entero...  Hoy lunes 27 finalmente fuí notificada que la documentación que justifica mi ausencia laboral debe presentare -alguien debe presentarla- el miércoles 29 a las 5:15 de la tarde en la ciudad de San Luis (detalle, yo vivo en Villa Mercedes, donde hay una oficina del organismo, a San Luis capital, median 2 horas de trayecto...)

No sólo son inoperantes, ignorantes e incopetentes, son unos cabrones! "lo hacen así para que no lo logres", me decía esta mañana una chica que me atendió en el hospital, tuve que recorrer -de hoy para hoy- cada especialidad juntando cada estudio, cada laboratorio, cada tratamiento, cada internación de los últimos 4 meses...  y si, el sistema así funciona, te desgasta cuando sabe que estás de rodillas, le encanta verte caer... Son dos mangos, mangos de docente que hoy no sobran!

Estoy tan caliente! Como si no estuviera lo suficientemente complicada y loca! Pero no me desenfoqué, mandé todo, el miércoles sin falta tendrán sobre su escritorio más de 150 fojas que su ineptitud no sabrá descifrar, y previniendo que no llegase el correo a tiempo, envié, a quien me hará el inmenso favor de viajar y presentarse, 50 hojas por fax, para que tengan para entretenerse, quieren papeles ¡papeles les voy a dar!!!
 
No es la primera vez que te gano burocracia sanluiseña, conmigo te topaste con pared, si te habré retado y vencido en éstos casi 7 años... Hoy me has hecho correr de 8:00 a 19:00, me has hecho dejar solo a mi marido, descuidar a mi motivo, me complicaste, enloqueciste, humillaste, maltrataste, creíste derrotarme; hoy me desahogo pero la última risa será la mía!

 
Lu*

p.d. Copia y resguardo de cada documento emitido y/o recibido, constancia fehaciente de cualquier daño producido...

24 jun 2011

"Qué bonita sos"...


Lo dijo así, sin más, el muchacho lindo (muy lindo) con quien me topé ayer por la tarde mientras caminaba de vuelta a casa, sólo atiné ponerme colorada y agraceder con una sonrisa desconcertada el cumplido; fuí "feliz" todo el día, no paré de sonreír y mirarme en el espejo, el facebook y los mensajitos de texto fueron testigos de ese eco. Fuí feliz ¡qué boba! y todo por un piropo...

Hace un par de días, coincidentemente, charlando con una amiga, hablaba de mi necesidad de ponerme nuevamente tacones, un vestido, rizar mis pestañas, un poco harta ya de los vaqueros y cualquier suéter, de la cara lavada y los zapatos más cómodos... La mujer que existe en mí ha quedado totalmente delegada, olvidada y lo que hoy por hoy devuelve el espejo es un rostro cansado que ha envejecido demasiado en tan poco tiempo, mi cabeza se está llenando de canas y mi cuerpo, mi otrora muy caliente cuerpo, ha sucumbido a los fríos del celibato.

Feminista acérrima, aspirante a intelectual, lectora, independiente, he fundado mi vida en aquello que también pasa por la cabeza, desde temprana edad ganando y manejando mi propio dinero, sin aceptar imposiciones ni falsos cosquilleos, me resulta tan absurdo verme a mí misma "sonreír" con un extraño por decirme que "soy bonita"; he llegado a casa con aire triunfante, preguntado a mi marido si lo era, a lo que él -entre dormido y sin comprender desde qué lugar formulaba la pregunta- respondió (por si las dudas) un monosílabo "si".

Resulté ser tan boba como la más boba... lo acepto y me relajo, no voy a discutir la sensación que me produjo aquel piropo, ni ponerme a cuestionar que -en medio de una cruel enfermedad- extrañe cambiar de aretes y combinar la bolsa con los zapatos. Me renovó el sentir una mirada fuera de todo mi contexto, una mirada que por primera vez en mucho tiempo no me veía con pena, "admiración" o con ánimos de consuelo, me resultó una fuerte brisa que reaccionó en todo mi universo.

"Qué bonita sos", me dijo un completo desconocido (ya dije que era lindo ¿verdad?) y recaló en un post; tan a la ligera, tan natural y desfachatado el galán aquel, que jamás imaginó que sus tres palabras hubiesen movido los hilos de la pajarera ¡y yo que venía pensando 2000 cosas! esas que empañan mi mirada y mi mente... Hoy volvimos al hospital, bajo el influjo tilinguero puse el despertador media hora antes, me tomé mi tiempo, me miré al espejo, dejé el "uniforme" en una silla y abriendo el clóset saqué algunas prendas, pilchas que no había usado en mucho, mucho tiempo...

Lu*

15 jun 2011

Entre cenizas y eclipse de luna...


Tras la agotadora semana anterior, en la que debí organizar -además de lo habitual- el vencimiento del retiro por invalidez de mi marido, mi licencia laboral, renovación del contrato de alquiler y otras yerbas, esta semana al fin pude encaminar las cosas, encaminar unas y dar los primeros pasos en otras; trascurridos también los 10 días de prueba para establecer la nueva dosis de insulina, y pedir al equipo médico a cargo de mi esposo asistencia psicológica para él y para mí, cierta "normalidad" volvió a mi vida.

Han sido días tranquilos, con una visita al endocrinólogo, mismo que me dejó con ganas de no volverlo a ver y es que sucede que la doctora especialista en diabetes con cuadro pre-trasplante (que no es cualquier cosa!) salió de vacaciones por lo que la consulta debí hacerla con un muchachito que poco sabe las complicaciones y "estados alterados" que engloba un paciente de las características de mi esposo; a éstas alturas uno ya les toma el pulso a los doctores, con algunas palabras sabes si estás delante de quien domina la situación o delante de quien pretende improvisar, y francamente para improvisaciones que vaya a probar con otro, que se haga de abajo y que empiece con diabetes simples, o para decirlo de otra manera: que adquiera experiencia antes de querer jugar en ligas mayores. Conclusión: el 1º de julio volveré con la endocri -que además de conocer el tema- conoce la realidad caótica que encierra un paciente en lista de espera.

Salvo eso, y varias llamadas a San Luis, para ver quién y cuándo se ocupan de la renovación de mi licencia, todo ha trascurrido plácidamente... Al fin pude acondicionar "el estudio" de Jorge, que si bien ahora no se usa, se usará! Colocar nuestros cuadros y algunos adornos más que den a este "departamento temporario" una sensación más a hogar, sobre todo teniendo en cuenta que es el lugar en donde él vive su -literal y clínica- internación domiciliaria.

Mientras tanto, las noticias me llegan a través de internet, noticias de mi gente, de mi país, y de este país, así que mientras las cenizas cubren mi balcón y por la lluvia me perdí el tan promocionado eclipse, recibo fotos de mi cuñada embarazada, hago el seguimiento del regalito para el bebé que envié a México hace varias semanas y espero tranquila la hora de desenchufar a mi marido de su alimento diario, inyectarle su nueva dosis de insulina y descansar francamente descansada. Mañana sólo iré a cobrar el apoyo de hospedaje y autorizar unas ódenes de prácticas, si la lluvia amaina trataré de ir al banco a reclamar mi tarjeta perdida (que jamás llegó), buscar alguna oportunidad editorial, ir al super y volver a casa; el viernes muy temprano, como cada 13-15 días, drenaje (programado), y además de seguir insistiendo con el organismo que regula las faltas docentes en San Luis y que desde el viernes no me ha dado una respuesta a pesar de mis diarios mails y llamados telefónicos, ya'sta, terminamos y párale de contar...

Lu*

9 jun 2011

"El que pone el cuerpo soy yo..."


Llevo ya demasiados días desbordada, gritando y llorando ¡enloqueciendo! Intentando que cada cosa esté en su lugar y en su momento, ni antes ni después ya que en esto se está jugando una vida. Me he convertido en una especie de araña que con sus ocho patas acapara todo, yendo y viniendo autorizando órdenes, siguiendo resultados, hablando con los médicos, programando laboratorios, estudios... cuidando la piel plaquetopénica de mi marido, su cabeza, sus piernas, los dedos de sus pies, surtiendo el medicamento y el refrigerador; intentando mantener un orden en medio del caos sin tener un minuto en que pueda salirme de "la agenda", todo está calculado y así tiene que ser, cada horario, cada minuto del día está controlado pues al más mínimo error es su salud la que lo paga.

Hoy después de un desborde a gritos he tenido que pedirle perdón, llorando, una vez más llorando pues tajantemente él me ha recordado, con una suavidad que yo no conocía: "el que pone el cuerpo soy yo...", tras eso guardó silencio y cerró los ojos, resignado a que yo fuera y viniera con el alimento, las pastillas, coordinando telefónicamente los horarios de extracción; sin embargo ya no pude seguir más, me senté frente a él en una silla, lo miré tan dócil, tan extremadamente paciente, tan lo que nunca fue... que mi cabeza se fue para otra dirección, hacia él.

Tengo que encontrar la manera de seguir sobrellevándolo todo. Mientras lo conectaba (a la teta) pensaba que hacen falta al menos 2 personas sostener la faena, una para que se ocupe de todo y otra para regalarle los momentos de paz que tanto necesita, yo ya no puedo ser ambas en el mismo envase... Estoy tan agotada que cuando él quiere salir a pasear, mi contracturada espalda sólo quiere descansar, sin embargo me pongo la careta y salgo a que él disfrute los pocos momentos que tiene al sol. ¿Cuándo llegará el trasplante? ¿cuánto tiempo más podré manejar esta situación? porque la realidad es que aunque quiera dos, sólo hay una sola: Yo.

No quiero gritarle, me siento profundamente hija de puta al gritarle... él no puede defenderse, está atado de pies y manos, esperando un órgano para volver a vivir, porque ¡dios santo! esta es una muerte en vida... ¡Él! que siempre vivió a plenitud y hasta las últimas consecuncias, sobrevive encerrado entre 4 paredes, camina hasta la puerta y nada más... ve la vida pasar y cierra los ojos para que un día más se aleje rápido y sin pestañear, añorando los domingos en los que posiblemente un buen amigo se acordará de él, y lo lleve a dar un paseo...

Lu*

8 jun 2011

Entre lágrimas y desbordes...


El lunes amaneció temprano, muy temprano... había que presentarse al hospital para otro drenaje, el tercero en 3 semanas ¿y en total? ¡bah! desde hace más de un año, ya he perdido la cuenta. Era un día gris, precedido de un fin de semana que hacía esfuerzos por sonreír a pesar de todo.

No puedo enlistar por falta de espacio virtual, la cantidad de cosas que debo dejar preparadas para que podamos salir "tranquilos" de casa: para toda esta movida pre-trasplante y para sobrellevar la misma alquilamos un departamento amueblado, de esos que suelen alquilar los turistas y que disponen de todo lo necesario para instalarse cómodamente y vivir; no para enfermos y todos sabemos que los enfermos no son precísamente civilizados, ordenados ni mucho menos limpios y perfumados, largando sin pudor líquidos y materias orgánicas que manchan y apestan. Un departamento pensado para turistas al que cada semana, sin fallar, viene el dueño a llevarse las sábanas y toallas a lavar como parte del servicio, así que dejo a la imaginación de algún eventual lector las peripecias de los lunes en la mañana (peripecias que comienzan ese mismo día por la tarde y siguen el martes, miércoles...).

Ese inicio de semana me sorprendió cansada, cansada y hormonal ¡que no es lo mismo! transitando los tres días que cada 28 me recuerdan que también soy mujer, y que además -a mis 36- me recuerdan que mi tiempo se acorta... Por eso, no es raro que -ante los asombrados ojos de mi marido- mis propios ojos no pararan de llorar, sacando todo lo que por fuerza tiene que esconderse debajo del tapete, mis hormonas decidieron llorar y les otorgué el derecho; derecho se saberse frágiles y con necesidad de consuelo, un consuelo de quien no lo puede dar porque... porque está enfermo. Ridículamente sollozando y con la nariz hinchada subí al taxi y me aparecí en la consulta, mi cara de esposa doliente con las largas líneas que cruzan mi frente, ya son familiares por esos pasillos por lo que a nadie le sorprendió y se ocuparon de lo importante...

Y así pasaron los días signados como femeninos, teñidos de ibuprofeno (por los dolorosos quistes que, una vez más, me recordaron mi tan postergada visita ginecológica), terminando con una subida de presión que hoy me dejó -tras los interminables trámites mañaneros- de cama; hay que ser un verdadero artista para reir aunque el alma se esté desangrando, un alma que no encuentra asidera, que busca y no encuentra porque "se perdió" ¿cómo brindar consuelo cuando es uno mismo quien no lo encuentra? Cómo alentar a no caerse cuando uno ya está de rodillas? Si, si, ya lo sé ¡es la regla! la que me pone sentimental y dolorida, la que exagera y todo lo nubla pero... hay que seguir remando aunque de momento, los brazos estén muy cansados y requieran detenerse.

Siento culpa de llorar, de llorar así descontroladamente, por eso suelo ahogarlo en la almohada, o esconderlo en el baño, o -como tantas mujeres- lloro bajito por los rincones... pero a veces el dolor te desborda, la cabeza se pasa de rosca y el cuepo (porque al fin y al cabo es sólo un cuepo) deja de responder. Es mucho el dolor y la angustia que uno carga en momentos así; lloras por el otro pero también lloras por tí, -"yo no elegí ésto, me tocó"- le dije desesperada a mi marido... yo no soy enfermera ni mucho menos una santa, ni tampoco me interesa convertirme en una mártir... A veces siento unas ganas desesperadas de escapar, de salir huyendo, huir de mí misma y de los fantasma que atormentan mi cabeza, de todos los pendientes que aún quedan por hacer y de la espera que aún resta por delante; tengo miedo de perderme en el dolor y desaparecer irremediablemente tras el rictus que hoy enmarca mi cara.

Creo que por ahora me he vaciado, que es mucho lo que de mí se demanda, estoy sola y no es poca cosa, sola para él, sola para mí y sola para encarar el incierto día a día; sola para inventarme una sonrisa, para sostener, medicar, apoyar, consolar, mirar, amar, soportar, regañar, consentir, malcriar... Nunca pensé que esta independencia mía me llevara a vivir en una ciudad, que por más hermosa que sea -y si que lo es- me recuerda que aquí sólo lo tengo a él y él, tan ausente, sólo me necesita porque tampoco tiene a nadie más.

¿Dónde está la idiota que reía sólo por reír? Hace tiempo que quiero verla y preguntarle ¿cómo mierda  hacía para ser feliz?

Lu*

3 jun 2011

Días de Amor y otros de Locura...



Hoy es uno de esos días en que las manos no fueron suficientes, ni tampoco la cabeza, los pies ¡es más, ni siquiera el vientre! Me levanté muy temprano segura de que vendría el enfermero, y el enfermero no apareció... No importa, tranquila, recién dieron las 9:00 y ya estás desayunada, vestida y con la casa aseada; el galán duerme con la persiana bajada, pues tras mi decisión de conectarlo de día -en su día que oscila entre el sueño y la vigilia- a las 11 de la noche comienza su festín, sus "paseos" por el departamento y sus asaltos descontrolados a la heladera y quizá a algún recuerdo que lo anda acompañando. A esa hora, él cierra la puerta de la habitación y yo puedo tendenderme tan larga y ancha (mejor dicho, desparramarme) por todita la cama; de modo que con el primer rayo de sol, lo siento aparecer estrepitósamente en el lecho, nunca ha sido muy sutúl el muchacho, pero afortunadamente yo recobré mi buen hábito de dormir profundamente. Baja la persiana (cosa que al principio hizo que me quedara más tiempo retozando, tuve que poner despertador!) y duerme hasta el medio día.

A eso de las 9:30 revisé todos los pendientes y -no sin antes dejar su medicación sobre la mesa, el celular, los anteojos, el vaso de jugo para su "primer despertar" que se dará a eso de las 10:00 de la mañana, le acercqué su leche con chocolate y a las apuradas salí pues la ciudad no espera. Los trámites para la medicación fueron rápidos afortunadamente, no tuve que esperar demasiado por lo que me dio tiempo de ir al banco y constatar que una vez más que en los pagos puntanos las cosas siguen como siempre... Volví a la una y el señor ya era un grito hambreado, descongelé fideos y ¡alá, a comer! (te dije que los fideos estaban en el frezzer, si tenías taaaaaaaanta hambre por qué no los calentaste?). Toda la mañana estuve inquieta y particularmente irritada, sin razón aparente (ja-ja-ja risa amarga) y es que desde el miércoles se sumó una nueva carga.

Resulta que mi bonito, además de todas sus virtudes es diabético... diabetes provocada por su principal patología y con una gravedad tan sutil que debería tratarse con pildoritas pero que -debido a su cuadro general- (un cuadro, a estas alturas que bien podría ser de Van Gogh!) debe inyectarse una mínima dósis a las 23:00 hrs. Todo ésto, salvo la inyección nocturna, se nos había pasado por alto en medio de tanta locura, motivo por el cual -y como buena esposa pelotuda- decidí consultar a la endocrinóloga: -"cuénteme con detalle su rutina para ver cómo puedo ayudarla"- "dígame por qué ha dejado de controlarse periódicamente"... A ver, por dónde empiezo? ¿quiere que le cuente mi triste historia? Pos agárrese y que arranco con la letanía. Veredicto: 10 días de controles AD-DD, AA-DA, AM-DM, AC-DC y por si no estaba muy controlado también antes de dormir (dormir yo, porque como ya lo expuse, mi príncipe valiente bla bla bla...)

Así que además de las 5 alarmas que tengo para no olvidarme de los sagrados medicamentos tuve que agregar algunas con horarios estimativos (Antes del Desayuno-Después del Desayuno, Antes del Almuerzo-Después del Almuerzo...) como para no pudrirse del puto celular que suena literalmente 200 veces al día y que además, hoy, es nuevo (antigüo regalo de mamá y que recién pudo funcionar en la Argentina) ¿cómo mieeeeerrrrda se pone la alarma? y por supuesto ¿cómo mieeeeerrrrda se apaga la alarma?... Y así me la pasé controlando ¡y anotando! todos los resultados de mi dulce primor, picoteando dedos sin ton ni son (a ver, atínale a los callos, claaaaro, ¡callos de guitarrista! -chínguese mi'ja, quería su bohemio, pos ahí lo tiene, 'ora pídale perdón porque en vez de picarle y encontrar la gotita de sangre a la primera tiene que ir sorteando el jugo de tomate frío (AD-DD...)

Yo, que de muy pocas pulgas pasé el día de hoy, decidí entenderle a mi nuevo aparatito y encima ¡tactil! (me van a salir callos!) después de 20 llamadas perdidas más o menos le agarré la onda, mientras el cielito dormitaba y se despertaba y quería comer, o ir al baño, o ir a la cama y yo con la teta y la bomba fortaleciendo el brazo y el pudor de un lado al otro hasta que la batería decía basta y hacía sonar su insultante alarme (¿cómo mierda apago la alarma?) y yo picaba y picaba sin parar los dedos de un tipo que... seamos sinceros... está podrido, harto, agotado de la situación; que no ha podido tocar su única compañera leal a lo largo de toda su existencia: su guitarra, no aguanta el peso... y sus hijas permanecen en silencio -sin entender el olvido- resignadas en la otra pieza. Un tipo que le han metido caños, manos y dedos por las que cuaquier ser humano ya hubiese puesto una denuncia por acoso y/o agresión, un tipo libre y sin ataduras; un tipo, que el único pecado que cometió en la vida fue ser fiel a sí mismo...

...Y volvemos con la loca, a las 11 de la noche terminé la jornada, tomé la última muestra de sangre y faltando 100 ml desconecté la teta, no sin antes sentarme un rato a su lado para hacerle compañía, para ser, aunque sea un momento, no sólo la que lo tortura, sino también la persona en la que puede poner su cabeza en las piernas y sentirse acariciado... De lunes a viernes, la cena es el único alimento del día que hago sentada y a mi antojo, casi siempre el menú consta de un par de quesadillas, pa'encontrar un refugio y el lazo con mi hogar; esta noche no pude ponerle salsa picante porque no había, así como tampoco fuí por la ropa a la lavandería, ni llamé para preguntar qué había pasado con el trámite de mi obra social. En fin, terminó la semana.

Acuéstese mi'jita que, mañana será otro día...

Lu*

2 jun 2011

Yo no sé qué pasará mañana...


Desde hace varios días, he vuelto a vivir en compañía; desde hace apenas unos días, tras interminables meses de llevar una mochila en solitario, he recobrado a mi mejor amigo... ¿el trasplante ha llegado? no, aún no... sin embargo Jorge está en constante mejoría. Tras interminables meses de internaciones y cabeza perdida, el organismo de mi marido comenzó a dar muestra de recuperación: anemia, desnutrición, hemorragias intestinales y la puta encefalopatía, habían dejado un cascarón en dónde -sólo a episodios- asomaba el alma, un alma férrea que, aunque oculta, no se rendía; tras incontables urgencias y guardias sus hermosos ojos mantenían la chispa en un cuerpo que se negaba a responder.

Tras aquella internación que me lastimó profundamnete, pues sentí ser yo quien lo llevaba al infierno, mi Ave Fénix renació y calza él mismo sus zapatos, camina, charla (¡charla!), bromea, reniega y putea. Es consciente de cada paso y cuidado, de lo que ha esperado y de que -por más dramática que parezca la situación- somos extraordinariamente afortunados. Nos tenemos uno al otro, "mientras estemos juntos" dijo él hace unos días y si, mientras estemos juntos podremos poner el pecho cada día.

Este impasse nos ha permitido conocernos y vernos despojados de toda filigrana, someternos a la dura carga de la "convivencia" (de 24 hs al día, como muéganos) que nosotros -ilusos- ¡pensamos que nos mataría! Nos ha vuelto a enamorar, a enamorarse cada uno de su valentía, de la humanidad del otro por entero, son épicas nuestras declaraciones de amor (y también nuestras tiradas de los pelos)... Nunca, nunca quisimos una vida común y quizá fue por eso que caminamos tanto, y ésto que hoy vivimos no entra en la normalidad de la multitud, pues los silencios no incomodan y las manos del otro sirven para mucho más que un fútil entre tanto.

En mi corazón brilla una luz de alegría, pues he descubierto el valor de dar hasta que duela; hasta que duela la espalda, los ojos, la cabeza, los pies, la cintura y la cordura. El mundo conocido se sacudió y a pesar de todo, estamos manteniendo nuestros pies firmes e intactos, confirmando la decisión tomada hace algunos años ¿qué depara el futuro? no lo sé y no me asusta la incertidumbre de ir descubriendo hora tras hora, no sé si el mañana nos reciba juntos o el amor nos encuentre cansados... tal vez no me preocupa demasiado; no me aferro a lo difuso, me consagro a una patente realidad: nos elegimos y ahora sabemos por qué...

Lu*

29 may 2011

Fin de semana con amigos y el MELD bajo...



Finalmente concluyó otro fin de semana, otro más en esta especie de limbo que nos mantiene atentos al teléfono, por si llega el milagro... Uno más también donde la solidaridad de hizo presente, donde el sol acompañó tras un viernes sumergido en 8 horas hospitalarias para recauchutaje.

Paseos al aire libre, rica comida y palabras de aliento, es extraño cómo en medio de esta tempestad hay personas que, dejando de lado todo egoísmo, te toman la mano para ayudarte a pasar el mal trago. Nada importa -o si- que esa mano venga de alguien que ya ha pasado por ésto, de una mujer que acompañó a su marido trasplantado, ambos, sin lugar a dudas, pusieron -y bien puesto- el cuerpo. Parece mentira que cuando la sangre desaparece, la hermandad brote cruzando la ciudad, el país y el continente; dejando de lado trabajo, hijos, placeres para dedicarle tiempo a dos personas que sólo pueden hablar de padeceres.

El viernes recibí estóica la noticia: El MELD de Jorge había bajado un punto, se fué de 20 a 19, testificando que el milagrito debe seguir esperando ¿qué significa ésto? -"no mueve demasiado"- en palabras de un facultativo, pero es la diferencia de seguir en la carrera semanal, a mandarnos a la cola y volver a calentar motores hasta el próximo mes. Demasiado para nuestra psique. -"Es injusto, lo sé"- apuntó uno de los doctores -"pero así son los sistemas de medición internacionales"-, mientras yo me río (para no llorar) y bromeo (para no tirarme del balcón...). En efecto, así lo manda la facultad y no lo discuto... no es culpa de nadie que la lata de paté de mi marido apenas funcione a pesar de que el resto de su organismo se sigue deteriorando.

De no ser por quienes acompañan y equilibran mi cabeza y corazón, como ya lo dije: me tiraría de un balcón. Me ayudan a comprender que todo puede pasar, que nada está escrito, que todo pasa y todo queda y que tal vez, este tiempo en que haremos más lenta la marcha, podremos recobrarnos, reacomodarnos y tomar aire para volver a subirnos en la cresta de la ola; con el riesgo de caer pero también con la esperanza (la esperanza...) de volver a pisar el suelo firme.

Gracias entonces por estar, por acompañar, por no aflojar, por no aburrirse... por las pequeñas grandes cosas que hacen por nosotros, por ofrecernos su corazón; esta soledad y levedad en la que vivimos, sería más profunda y en definitiva más insoportable si no contáramos con ustedes. Que el universo se los multiplique!

(y mañana al médico otra vez...)

Lu*

26 may 2011

Aprendiendo a confiar...



Finalmente volvimos de la consulta de hoy, esa por la que tanto renegué el martes que le dieron el alta; esta vez por cuestiones de sillón, no pudieron hacer las prácticas necesarias y mañana debemos regresar, es así, para eso estamos aquí, por eso él se jubiló y por eso yo saqué licencia en la escuela... Por mucho que pese y haya que correr para cumplir con todo, es lo que se debe hacer.

Llegué y los doctores estaban a punto de reunirse en Ateneo, -"hablaremos de vos"- alcanzó a decirle su doctora (cuya palabra es para nosotros, pero sobre todo para él, palabra santa), -"espéranos 1 hora"- y así lo hicimos. Fuímos a la cafetería y desayunamos, aunque resulta más caro comer ahí que en los bares de los alrededores, el recorrido debemos hacerlo en silla de ruedas pues las hinchadas piernas y panza de Jorge, más su gran debilidad producto de la anemia, impiden que él pueda realizarlo por sus propios medios, no quedó de otra, la silla es del hospital y no puede andar paseando por doquier. Tomamos café con leche y tarta de batata (camote) y charlamos realmente animados, Jorge oscilaba entre la lucidez y sus viajes al país de andá a saber a dónde; sonreía, compartimos la tarta, aflojé sus zapatillas (tennis) y sentados en esa mesa -tomados de la mano- fué como si volviésemos al pasado.

Antes de la hora decidimos volver al consultorio y esperar ahí, no sin antes hacer una escala técnica para echarnos un cigarrito, para eso debíamos salir y hacia allá nos encaminamos cuando nos topamos de frente con su equipo de hepatólogos -se aguó el pucho- (cigarro). Lo atendieron con la camaradería que ya he descrito en algún otro post, mientras uno lo auscultaba otro hablaba conmigo sobre los detalles de la internación, sus laboratorios y los estudios que debía de hacerse; entendí todo, aunque ellos me "traducen" al criollo los complejos nombres clínicos, ya no hace falta, pues a estas alturas los hematocritos, leucocitos, creatinina, RIN y demás -otrora indescifrables- nombrecitos me los conozco como el precio del tomate.

Me quedé tranquila y salí de ahí con cierta paz: ya sabía -porque de boca de los propios médicos salió-  que el caso de mi esposo es uno de los más comentados y estudiados en cada Ateneo -"tenés mucha actividad en la sala"- le dijeron una vez, refiriéndose a esos encuentros semanales en donde se evalúa el todo por el todo de cada paciente, él mío particularmente está en estado calamitoso pero su laboratorio (es decir, las condiciones del pedacito de hígado que le funciona) sigue siendo una pinturita... Este equipo de brillantes doctores, me ha dado una vez más una muestra de que debo confiar, a veces no pueden explicármelo todo pero saben por qué hacen cada protocolo, lo mismo que yo no puedo explicar a cada alumno el porqué de cada uno de los trabajos, libros y procedimientos que utilizo para evaluar.

Elegimos bien nuestro centro de trasplante (nuestro derecho por ley a partir del 2005), más allá de ser privado y contar con una buena hotelería (fundamental para tantas asistencias), cuenta con el mejor equipo de trasplante reconocido incluso a nivel internacional; cuando hicimos las dos mil piruetas e indagaciones para decidir finalmente dónde atenderse, los resultados no dieron lugar a dudas, ahora tampoco. Debo aprender a esperar, a soltar, a dejar en las mentes especializadas la salud de mi esposo, debo recordar que -aunque sólo es un trabajo- el mío me apasiona y me involucro con la realidad de cada uno de mis muchachos, sé a quién exigir, a quién estimular, a quien "regalar" medio punto en un trimestral, a quien prestarle mis libros porque no los puede comprar.

Estoy aprendiendo a respirar cuando parece que el aire se acaba, como cuando era niña en las playas de Tampico y mi padre me enseñó a respetar el mar: "Si te atrapa una ola no luches, sólo déjate llevar; si te resistes te vas a ahogar, pero si te relajas tarde o temprano -seguramente con raspaduras- te escupirá".

Eso haré papá...

Lu*

25 may 2011

Sin embargo...



Pocas veces he pensado lo que sería, si pasado el tiempo, no cumpliéramos nuestro objetivo, que el órgano no llegara y tuviera que decir adiós, despedirme para siempre... Pocas veces me he planteado esa posibilidad, aunque parece que hay mucha gente que insiste en que lo piense -con buena intención- pero cae como locro el 25 de mayo en estómago de extranjero.

Esas pocas veces que la funesta idea ha rondado por mi cabeza, me paralizo, no puedo ni siquiera imaginarlo, es una posibilidad no lo niego, pero me niego a aceptarlo como certeza. Esta historia comenzó hace muy poco, poco tiempo hemos tenido de disfrutar de nosotros, de lo que nos une y nos separa, de lo que nos hace bien y reconforta, de nuestras músicas y letras; yo me enamoré con la fuerza de un tornado inquieto, él con la sapiencia que dan los años y el haber andado.

Ante la pregunta de "si te vas o te quedas" a veces digo me voy; otras, me quedo. Si me voy es porque sin él mi moitivo se esfuma, si me quedo es porque al lado de él construí una aventura suficiente; su ausencia sería una burda jugarreta a quien hubo de cruzar 2 veces el mar para toparse con un hombre que se hiciera necesario. Hoy extrañándolo tanto -porque aunque esté conmigo, no es el hombre que amé- me sincero y pienso en el vacío que quedaría si el puto destino ya hubiese decidido jugar y empezase a tirar los dados.

Pocas veces una se enamora como idiota y es correspondida, pocas veces se encuentra al ser perfecto que tenga tu misma dosis de locura y fuego; una pareja, el compañero del viaje vital que te permite mirar más allá y recorrer senderos en silencio, o acobacharse y charlar -bailar jamás-; confrontar con verdad y salir ileso, reivindicado. Nos costó mucho llegar a este entendimiento, son 23 años de caminos dispersos, pero cuando, a fuerza de amar y a pesar de los contratiempos, pudimos darnos cuenta que nuestra imperfección era lo que el otro buscaba para echar amarras y ya no tener que lanzarse al mar, el corazón descansó contento.

Pasan los días y las internaciones, varias veces a la semana consulto su lugar en la lista, si sube o baja porque aún hay tiempo, aún no se acaba... Por eso mi rabia y mi bronca, por eso la angustia; he decidido salvar esta vida porque también es la mía, es mucho lo que este hombre ha obrado en mí, por eso lo arropo, lo baño, lo mimo, por eso lo llevo en brazos; todos los días le digo lo feliz que soy a su lado y si tuviera que elegirlo nuevamente, a pesar de lo que hoy vivo, sin embargo lo haría, porque mi alma vagabunda sabe: no hay otro como él.


Lu*