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5 ene 2012

Queridos Reyes Magos...


Este año me he portado MUY bien, salvo algunas crisis de locura, he sido buena esposa (excelente!!!), buena nana, buena madre, buena enfermera, psicóloga, ecónoma y encantadora de serpientes... Además, buena hija, tía, hermana y amiga. Por todo ello es que me merezco sendos regalos (3, porque ustedes son 3!): 
  1. Recibir el alta el viernes 13 y poder volver a mi lugar en el mundo;
  2. Una casa con jardín, donde Jorge y yo podamos ver concretarse nuestros proyectos;
  3. Recuperar mi vida laboral sin tener que partir desde cero.
No necesito nada más, el resto puedo proporcionármelo yo misma con mis manos y esfuerzo...

P.D. no colgué el calcetín pero dejaré mi carta en el zapato. Gracias por mi sobrino y por mi compañero de ruta, y las risas y los llantos y los amigos y mis viejos y la militancia y los libros y los sueños.

Atte, yo.


23 may 2011

No hay mal que dure 100 años...


Una sucesión de acontecimientos me llevaron hace unos días a casi perder la cabeza, otra sucesión de acontecimientos me hizo recuperarla. No se si fue la voluntad, o el universo alineándose a mis pies, pero una concadenación de eventos me llevó a encontrarme hoy así, en santa paz.

Mi histórico cable a tierra han sido las palabras, poder articular, largar, sacar, escupir los nudos que amenazan con anidarse en mi garganta, el silencio me mata, el silencio mío, ese que a veces pretendía escaparse a gritos; confiada desde siempre en lo que me gusta llamar "señales de la vida" y a sabiendas que el cuerpo también tiene su lenguaje, había pasado por alto los semanales dolores de garganta y al entorno que clamaba con fuerza: Detente! Cuando todo parece desbocarse, sabio es poner el freno y aprender a soltar lo que las humanas manos son incapaces de contener.

Me sinceré con mis padres, a quienes creyendo preservar, sólo causaba incertidumbre mientras yo me perdía de su brazo protector; volví a escribir, aquí, tirando palabras al ciber-espacio; fuí a la peluquería, mis rizos dejaron el desastre oculto bajo una vincha (banda); me perdí entre la gente y compré un libro; acepté que hay cosas que yo no puedo manejar y que es mejor que la manejen los doctores, sin culpas; volví a leer... volví a leer de la mano de una vieja amiga: Antonieta, con sus reminiscencias al Paseo de la Reforma y su Ángel; volví a estudiar, retomé el ensayo final de la especialización que me costó plata y horas nalga ¡debo titularme! no puedo dejar círculos sin cerrar porque los pendientes son implacables palos en la rueda que no te dejan avanzar.

Al detenerme me acordé de mí, y después de mucho tiempo pude dormir y darme largos baños calientes, cortar mis uñas con tijeras y no con los dientes; despertar con música y salir a la calle con ella. Jamás he renegado ni preguntado ¿por qué a mí? (¿por qué a él?) y ¿por qué no?, he aceptado cada instante porque a lo largo de mis variados caminos, aprendí que tras sumergirme en el fango tengo el poder de renacer; no sé si todo pasa por algo, aún no tengo la suficiente certeza para tal afirmación, sólo se que lo que hoy vivo -a pesar del dolor- me ha regalado instantes que merecen ser recordados y agradezco, agradezco por las sonrisas y la solidaridad, por las declaraciones de amor y la grandeza de algunos corazones, por la ternura y paciencia que he sido capaz de recibir y dar.

Procuraré eternizar lo que ahora digo, porque con mi total imperfección, volveré a los cafés amargos, a la sosobra del pecho oprimido, a las horas bañandas de llanto escondido, rinconero de secado rápido; a los pelos de loca y la mentira de los sueños perdidos. Y mientras eternizo -y para no cansar- voy a apagar la compu, me voy a bañar y dormir como es debido, a soñar con los angelitos: pío, ato, amén.

Lu*

19 may 2011

Extraño mis libros...



Hoy después de hacer el trámite de todos los jueves, el que nos permite mantener esta historia, decidí caminar por la calle Perú, perderme entre tanta gente y -debajo de los lentes oscuros- lagrimear un poco; respiré y respiré profundo, con la profundidad que sólo acompaña a la libertad, libertad de sentirme por un instante parte de ese mundo que a pesar de nunca detenerse, para mí permanece congelado; miré distraída cada uno de los puestos que han hecho de esa peatonal (cuya continuación es Florida) un mercado persa, poco queda ya de los artesanos, hoy se puede ver -entre los neo-hippies- un cúmulo de oferta variada made in China.

Caminé hacia el correo ubicado en Av. de Mayo, y al entrar me di cuenta que había dejado en casa (otra vez...) la dirección a donde debía enviar el valioso paquete que llevaba en mis manos, un pequeño presente para ese hermoso niño que se ha convertido en una esperanza en este corazón condolido: Mi sobrino, la luz en mi orscuridad y la promesa de un mañana. A sabiendas que no podré asistir a su nacimiento, quiero estar presente aunque sea a la distancia, por eso, esa cajita conteniendo ropa dimininuta color celeste se ha convertido en una asignatura pendiente.

Habiendo olvidado la dirección, pensé por un momento en continuar mi caminata sin rumbo fijo, a ver qué podía encontrar y tal vez sin buscar me topara con algo que pudiera sorprenderme, miré el reloj y supe que debía volver, la interminable espera en la obra social, donde sabes a qué hora llegas pero no a qué hora te vas, hizo que mi tiempo en la calle se detuviera. Al pasar encontré un par de flores de piel y las compré, pensando en el verano y la flor de una sandalia que perdí en una ambulancia, acto seguido me dirigí a la calle que tomo cada día para volver a casa, caminaba ensimismada en las múltiples necesidades no cubiertas que mi esposo tendría apenas yo cruzara el quicio de la puerta cuando mis ojos se perdieron en una manta colmada de libros viejos, -"están de promoción" me dijo el librero callejero y decidí que acaso podía demorarme un par de minutos, total, las obligaciones y demandas no cambiarían si yo llegaba con un libro de más o de menos.

Me gustan los libros usados, tengo predilección por ellos, no sólo por lo económicos que resultan en comparación de los nuevos, sino por esa sensación de estar compartiendo al unísono las fantasías de algún otro, me gusta su olor, su color amarillento, me gusta leer sus inscripciones y dedicatorias, yo misma dejo mi huella en cada uno de los libros que leo, y que a veces libero, regalo, presto, y en algunas ocasiones nunca más recupero. Aquel que lee sabe lo que cuesta desprenderse de un libro, favorito o no, incluso si ha sido una mala lectura, a los lectores fanáticos nos gusta coleccionar esas historias por lo que nos movieron, por eso compro libros que otros ya leyeron, así cada libro adquiere doble sentido: la obra que el autor consignó y la vida de quien habiendo leído, se desprendió.

Junto a mí, un joven estudiante pagaba 2 monedas por Cortázar, el vendedor le hizo una rebaja porque era un joven lector de Cortázar, vaya a saber Dios si era verdad o una treta de mercachifle, pero mi alma de maestra no pudo dejar de asentir con alegría ¡nuestros muchachos están leyendo!... Yo seguía buscando un libro que me hablara, entre los muchos autores conocidos, desconocidos e ignorados, vagatelas de mercado y verdaderas joyitas en buen estado, mi corazón latió reconociendo "El llano en llamas". -¿lo conoce? preguntó el vendedor. -¡por supuesto! me lo llevo. -Un muy buen libro, dijo. -Si, un muy buen libro, respondí.

Y así, feliz y alejada de toda tribulación seguí caminando, recordando cada uno de los cuentos del libro que llevaba en mis manos, acaso he leído a Rulfo una decena de veces y siempre vuelvo para encontrar aquello que se me había escapado. Regresé a casa pensando en los autores que hasta ahora ahora he leído y los muchos que me faltan por conocer, pensando en la pila de obras pendientes, "empolvadas", que me esperan silenciosas en mi mesita de luz y que no he tenido tiempo ni ganas de disfrutarlos. Extraño tanto mis libros, poder concentrarme más de 15 minutos sin interrupciones, adentrarme en un mundo que no me pertenece pero que por fuerza de leer he de apropiarme... esta noche volveré hacer un intento, si no me duele la cabeza, la espalda, los brazos o el alma, trataré de ver si mis ansias por leer aún no se han calmado, lo intentaré pero no prometo nada pues, a pesar de extrañarlos tanto, son muchas las necesidades que debo cubrir al llegar a casa...

Lu*

13 may 2011

Borrando y Repasando...


He decidido comenzar desde cero, he borrado los pocos artículos que tenía y que, hoy en día, me parecen carentes de sentido, no es que me haya arrependido, no... Simplemente mis circunstancias han dado un vuelco y necesito hacer inventario.

Este blog es continuación de uno que desde el 2004 abrí en Blogia, y que por motivos ajenos a mi voluntad, de la noche a la mañana me fué imposible acceder para seguir publicando, en ese Blog se narraban mis aventuras de eso que llamé "mi paréntesis de luz" aludiendo al momento en que dejé mi país natal (México) para lanzarme a la aventura de recorrer el mundo y forjarme un nuevo destino. Así pues, las antigüas Andanzas de Lu, narran la historia de una joven en busca de sí misma, en busca de un mundo por descubrir sin miedos ni ataduras; tenía apenas 28 años y emprendí un viaje sin retorno, aunque en ese entonces yo no lo sabía... era demasiado joven, demasiado inocente y -si- demasiado ilusa.

En el correr de los años y de los post fuí dejando cuenta de una extraña madurez, afincada en Barcelona pude ver lo que mis ojos tanto ansiaban, y una vez que recalé en la Argentina mi corazón encontró eso que tanto buscaba. Viajé, me casé y luché con todas mis fuerzas para abrirme paso en ese nuevo país y es -justamente donde mi otro Blog se corta- el momento en que conquisté mis afanadas hazañas. Resumiendo el 2010 de cosecha: Llegó mi DNI, me afiancé en la docencia y en la escuela pública, mi Taller de Lectura iba viento en popa, realicé mi Especialización, junto a mi marido nos mudamos a un hogar mejor, viajamos, la plata no faltó y el 2011 se veía como una gran promesa... Fué un gran año sin duda, el mejor de mi adultez, entablé amistades entrañables, desenmarañé mi cabeza y la de otros tantos, me situé en un maravilloso estadío de mujer. Por primera vez pude mirarme al espejo y hacer las paces, mi cuerpo y mi cabeza habían conseguido un equilibrio, caminaba por la vida con nuevos bríos, pensando -ilusa nuevamente- que podía con todo y con todos ¡no había nada que no pudiera hacer, ya lo había demostrado! Orgullosa de mí y con un sesgo de superioridad avanzaba por el mundo. Era entonces la mujer que forjé a fuerza de golpes y alegrías.

Sin embargo, la vida no espera y tarde o temprano te alcanza, sobre mi "feliz pareja" pendía una espada que tarde o temprano estaba a punto de caer. Mi marido estaba enfermo, eso ya lo sabíamos, y a pesar de las promesas nunca faltó la sentencia de lo que estaba por venir, los afanes del ahorro doméstico, la desesperada búsqueda por pertenecer, por lograr, legalizar.. ¡no había tiempo qué perder! Hepatitis C es el virus que hace años se instaló en la sangre de mi esposo, una enfermedad silenciosa que de no ser detectada y tratada a tiempo, viene a complicar cualquier cancha; la nuestra se complicó y hoy -hace cinco meses- tuvimos que mudarnos con urgencia de ciudad, dejando la apacible Villa Mercedes (SL) para vivir en capital (y yo que juré jamás volver a vivir en una gran ciudad!), en Buenos Aires esperamos un donante, esperamos -con todo el universo que dejamos atrás- un trasplante hepático, vivimos la espera de "la lista de espera" y los días no alcanzan y las alegrías son otras y las lágrimas son de otro calibre.

"Codo a codo somos mucho más que dos", Benedetti en la luz y también cuando parece difuminarse, ávida de historias y colmada de sueños signé mi pasado, lo que otrora fueran libros y música, hoy son pasillos blancos, con hombres y mujeres de batas blancas, trámites interminables, corazones sobresaltados y extraordinarios seres que decidieron acompañarnos; abandoné mi larga melena y lo que un tiempo fué pasión y rebeldía ahora se ha convertido en una mano que nunca suelta a la otra cuando falla la esperanza ("¡no me sueltes, no te suelto!"). Así pues, este nuevo Blog promete ser lacrimógeno, pesado e iracundo, salpicado -supongo- de la perene alegría que mi marido siempre me ha reprochado (¡!).

Son millones las emociones que habitan en mí cada día, necesito un lugar, un refugio y escondite. Necesito contar mis pasos por este nuevo camino, con la plena convicción de ser una favorita de la vida, y que este trance sólo es un momento que -si, estoy segura- también pasará...

Lu*